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La DMAE

¿QUÉ ES LA DMAE?

¿Qué es la Degeneración Macular Asociada a la Edad?

La retina es la capa más interna del globo ocular. Su función es transformar la luz que recibe, en un impulso nervioso que viaja hasta el cerebro a través del nervio óptico, y se convierte en las imágenes que percibimos. La mácula es el área central de la retina. Es la zona de la retina encargada de la visión central, de la visión fina de los detalles de las cosas (leer o enhebrar una aguja por ejemplo). 

Incluso a edad temprana pueden aparecer alteraciones de la mácula, especialmente en individuos con una determinada predisposición. Estas alteraciones se producen generalmente en ambos ojos, pero pueden afectar a uno. Esto se denomina distrofia macular.

La definición de Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE) se utiliza, en cambio, para indicar un conjunto de alteraciones de la mácula que aparecen en individuos de más de cincuenta años. El envejecimiento normal de la retina conlleva cambios a nivel de las distintas capas de la retina, pero no incluyen necesariamente el desarrollo de la enfermedad.

La DMAE es una patología que afecta a la mácula, lo que comporta una reducción más o menos acentuada de la agudeza visual.

El Dr. Alfredo García Layana, profesor y oftalmólogo especialista de la CUN (Clínica Universitaria de Navarra) nos explica la DMAE

La Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE): ANIMACIÓN - The Angiogenesis Foundation

Clasificación

La clasificación de la DMAE más conocida y utilizada es la siguiente:

  • Degeneración macular seca, que es la más frecuente (80-90% de los casos) y de progresión lenta.
  • Degeneración macular húmeda, también llamada exudativa o neovascular, que puede provocar pérdida de visión repentina por su rápida progresión. Se presenta en el 10-15% de los casos

Síntomas de la DMAE

Como se ha comentado anteriormente, la Degeneración Macular Asociada a la Edad afecta a la parte central de la retina que es la responsable de la visión fina, la que usamos para leer, conducir, ver el teléfono móvil o reconocer las caras de las personas.  Al principio la Degeneración Macular Asociada a la Edad no tiene síntomas, pero con el tiempo se empiezan a notar dificultades en la visión central.

Los primeros síntomas de la DMAE pueden consistir en ver zonas oscuras fijas o ver las imágenes deformadas y distorsionadas. Esta enfermedad macular no causa dolor ni enrojecimiento ocular.

Causas de la DMAE

No se conoce actualmente la causa de la DMAE, pero se cree que pueden tener relación algunos factores hereditarios, si algún familiar lo ha padecido, y ambientales, como fumar. Lo que está claro es que el envejecimiento del ojo provoca la enfermedad.

Factores de riesgo

En la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) la oxidación (estrés oxidativo), la carencia de nutrientes esenciales (como vitaminas o minerales) y el componente genético-hereditario, son factores fundamentales para la progresión de la patología. Además, la exposición a los radicales libres, debido al contacto con tóxicos ambientales como los derivados del humo, juega un papel fundamental.

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Edad

Representa uno de los factores de riesgo más importantes para el desarrollo de la degeneración macular asociada a la edad.

Los datos de estudios epidemiológicos estiman cifras de prevalencia del 0,2% al 5,4% en la franja de edad comprendida entre los 65 y los 85 años. En la franja de edad comprendida en las personas a partir de 85 años, este porcentaje aumenta del 12% al 30,8%.  

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Predisposición genética

Recientemente se han realizado distintos estudios sobre la relación entre la herencia genética y la predisposición en el desarrollo de la DMAE, donde se ha visto que parientes de primer grado, como hermanos, padres e hijos, tienen una correlación más elevada con respecto a la población general, sobre todo en la forma exudativa de la DMAE.

No existe un único gen responsable de la degeneración macular, sino una combinación de genes en los que influyen factores externos ambientales y que puede contribuir a la aparición de la enfermedad.

En diversos estudios, se han identificado varios genes que de tenerlos, multiplican el riesgo de padecer DMAE. En estos casos, controlar los factores ambientales como mantener un peso normal, alimentarse bien y no fumar es fundamental. Sin embargo, sigue siendo fundamental el papel que juegan los factores ambientales y el estilo de vida en el desarrollo de la patología.

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Sexo

En mayores de 75 años, la DMAE afecta a más mujeres que hombres. Sin embargo, este dato está relacionado con la mayor esperanza de vida de las mujeres respecto a los hombres y no a una diferencia real de incidencia de la patología debida al sexo. No existen diferencias importantes entre incidencia y prevalencia de la DMAE en ambos sexos.

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Etnia

La población caucásica presenta una mayor prevalencia de DMAE respecto al resto.

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Alcohol

Un consumo excesivo de bebidas alcohólicas está asociado a un aumento del riesgo de padecer DMAE, ya que el alcohol en dosis elevadas reduce la absorción de los antioxidantes normalmente ingeridos con la alimentación, como las vitaminas del grupo B.

Entre los componentes de la uva que parecen tener un componente protector de la DMAE, cabe mencionar el resveratrol, que pertenece a la familia de los polifenoles y es una sustancia capaz de disminuir la oxidación y reducir la proliferación del epitelio pigmentario de la retina.

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Tabaco

Los fumadores presentan el triple de riesgo con respecto a los no fumadores de desarrollar DMAE en forma grave y DMAE seca en estado avanzado.

El humo favorece los procesos de envejecimiento celular (con formación de radicales libres), provoca la disminución de los niveles de protección antioxidante de las células (consume los antioxidantes presentes en el organismo) y activa los procesos inflamatorios.

A nivel ocular, el humo reduce los niveles de luteína presentes normalmente, ralentiza el flujo de sangre en los vasos sanguíneos y disminuye la capacidad de las células retinianas para liberarse de los productos de desecho causantes de las drusas.

Existe una relación entre el número de cigarrillos que se fuman a diario, el número de años que se ha fumado y el aumento de la incidencia de la DMAE. Es decir, quien fuma desde hace más tiempo un mayor número de cigarrillos corre un mayor riesgo con respecto a un exfumador, que a su vez tiene mayor riesgo que quien no ha fumado nunca. Por otra parte, cabe destacar que se ha visto que si se fumó mucho en el pasado, pero dejó de fumar hace más de 10 años, su riesgo disminuye y después de 20 años sin fumar el riesgo es igual al de una persona que no ha fumado nunca.

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Índice de Masa Corporal

El Índice de Masa Corporal indica la distribución de la grasa corporal.

Un índice de masa corporal comprendido entre 25 y 29,  expone al sujeto a un riesgo de desarrollar la enfermedad. Si es superior a 29, existe un mayor riesgo aun.

Así pues, desarrollar una actividad física con regularidad y cuidar la alimentación contribuyen a la prevención de la degeneración macular.

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Exposición a la luz solar

La evolución de la DMAE se potencia por la exposición a la luz solar. Estudios clínicos han demostrado la relación entre una exposición prolongada a la luz solar y la fase avanzada de la enfermedad.

A pesar de que la cuestión es controvertida, está claro que una exposición prolongada a la luz solar favorece la formación de radicales libres del oxígeno. Además, la porción azul del espectro de la luz visible, que es más energética y, por tanto, más dañina, actúa sobre la retina dañando los fotorreceptores. Por otro lado, una escasa exposición de la piel a la luz solar implica niveles reducidos de vitamina D, que es fundamental para la retina.

El problema de la falta de vitamina D es más generalizado entre las personas mayores, debido a que su capacidad de producción disminuye con la edad. En cualquier caso, el problema de la falta de vitamina D no se limita solo a la franja de edad más avanzada. En España, como en el resto del mundo, la insuficiencia de vitamina D se produce ya en niños o en jóvenes, y persiste en adultos, en mujeres postmenopáusicas y en ancianos. Los datos disponibles confirman que existe una insuficiencia y deficiencia en la población española en todas las edades estudiadas y en ambos sexos, similar a la existente en todo el mundo incluyendo regiones muy soleadas.

Se aconseja, por tanto, la ingesta de leche y lácteos, una mayor exposición a la luz solar, o bien complementar la alimentación con suplementos nutricionales incluyendo vitamina D. La vitamina D es fundamental para los huesos, el sistema nervioso central y otros órganos, y desarrolla un papel protector frente a distintas patologías, incluyendo la DMAE.

El problema de la exposición de los ojos a la luz solar se limita con un uso constante de gafas de sol protectoras, dotadas de lentes con filtro UV, a utilizar siempre que se esté al aire libre, especialmente en aquellas estaciones del año y en aquellas regiones con mayor grado de insolación.

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Color del iris

Los ojos con iris de color claro están menos protegidos de las radiaciones ultravioletas de la luz solar con respecto a aquellos con iris oscuro, puesto que tienen una cantidad menor de pigmento que actúa como pantalla.

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Cirugía de cataratas

En la cirugía de cataratas, tras la extracción del cristalino, desaparece uno de los filtros naturales de los que dispone el ojo para protegerse de las radiaciones ultravioletas, lo cual podría influir en el empeoramiento de la enfermedad.

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Hipercolesterolemia

El colesterol, como todas las grasas, no es soluble en agua, por lo que su transporte en la sangre se regula a través de proteínas específicas. El conjunto de las proteínas de transporte, del colesterol y de las grasas, constituye el grupo de las lipoproteínas, partículas que circulan en la sangre con la finalidad de transportar las grasas.

Hay proteínas transportadoras de colesterol “bueno” y colesterol “malo”. A las proteínas del colesterol “bueno” se les llama así porque son capaces de eliminar las grasas de distintos tejidos y órganos, y llevarlas al hígado, donde se eliminan. Las proteínas del colesterol “malo” desarrollan la acción contraria, llevando el colesterol a los tejidos periféricos, donde puede ser utilizado como reserva de energía. Se debe tener un buen equilibrio entre ambas proteínas transportadoras de colesterol. Se define “hipercolesterolemia” a un exceso de colesterol en la sangre.

En las células del epitelio pigmentario de la retina, una de las capas de la retina, puede existir una excesiva acumulación de colesterol.

Los ácidos grasos polinsaturados, contenidos en los aceites vegetales y en el pescado, desarrollan un papel protector con relación a la hipercolesterolemia; las grasas saturadas, en cambio, que abundan en la carne, la leche y sus derivados, así como en los huevos, generan una mayor acumulación de colesterol.

Se ha estudiado que los ácidos grasos polinsaturados pueden prevenir la DMAE en su estadio precoz y en su estado avanzado. Consumir pescado azul al menos dos veces por semana puede reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad hasta un 27%-30%.